Al escribir Historias del linaje oscuro siempre surge una pregunta que el viento susurra: ¿por qué escribir sobre los linajes familiares?
En nuestra historia de vida parece existir un mismo relato que se repite una y otra vez, como una leyenda que permanece en el tiempo, girando en un bucle interminable.
No sé si recordáis la película El día de la marmota, interpretada por Bill Murray y Andie MacDowell, en la que un mismo día se repite constantemente hasta que el protagonista logra transformar por completo su mundo interior. Quizá, de haber continuado con su comportamiento inicial, su destino habría sido la soledad.
Sin embargo, algo cambia. Podríamos llamarlo milagro, destino o despertar. Poco a poco, y casi sin darse cuenta, comienza a transformar su forma de ser. Al principio, tal vez motivado por el deseo de conquistar a la mujer de sus sueños; pero, con el tiempo, se adentra en el espíritu encantador del pueblo, hasta convertirse en parte de él, formando parte de una gran familia.
En el fondo, esa es también la misión de conocer nuestra propia historia: desentrañar el misterio familiar. Comprender por qué existe un secreto, una fuerza invisible, que empuja a las mujeres y a los hombres de un linaje hacia un mismo destino.
Fechas que se repiten. Patrones que regresan. Sucesos que parecen inevitables.
En la familia de Encarnita ocurría algo similar. Su madre, Mamá Dolores, hizo un pacto con el diablo y, desde entonces, la familia quedó marcada. Perseguida. Como si la raíz de su árbol necesitara sanar.
Ahí es donde entran en juego los magos de Galicia, Navarra, Murcia, Andalucía, Castilla y Cataluña.
Puede que penséis que lo sobrenatural no tiene cabida en el mundo actual, que necesitamos tocar para creer. Pero hay presencias que se sienten, olores que aparecen sin explicación, señales que percibimos sin comprender su origen.
Los árboles malditos.
Las familias que deben sanar.
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