En mis años de experiencia he podido comprobar que los llamados brujos, magos o las famosas meigas son, simplemente, personas que trabajan con la naturaleza.
Hace poco conocí a Rafael, un hombre dedicado a podar árboles. ¿Cómo lo hace? Muy sencillo. Me explicó que él se fija en el árbol y que, si siente que no debe cortar una rama para que pueda crecer mejor, no lo hace.
Trabaja descalzo, y sus pies se unen a la tierra. Dice que hay una conexión especial.
Me enseñó a caminar descalzo entre las piedras. Al principio, debo confesar que estaba asustado.
¿Cómo voy a andar entre las piedras?
«¿Me haré daño?», pensé.
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