Me he desviado en el camino y hoy me encuentro por la zona de Ronda, en Málaga, muy cerca de Granada. Quiero conocer a sus gentes y saber de sus mitos y leyendas.
Desayunando en un bar, observo lo que más admiro de esta zona: las casitas blancas con macetas. Me las imagino llenas de flores que, de momento, están presentes, pero no tanto como lo estarán dentro de unas semanas, ya que los diversos temporales que han azotado la península han sometido a la tierra a un incesante ir y venir de lluvias.
Dos mujeres me hablan de la leyenda de los brujos del Albaicín, en Granada, pero me advierten que me calce unas buenas botas, porque tendré que subir una empinada cuesta empedrada.
Cuentan que el Albaicín es tan antiguo como la propia creación de la ciudad, ya que las primeras comunidades íberas se asentaron en las faldas de la colina en el siglo III a. C., levantando las primeras edificaciones de la antigua Ilíberis, sabedores de que su emplazamiento escarpado era la mejor defensa ante posibles hostilidades.
Dicen que en la plaza de Almed se manifestaban extrañas presencias que espantaban a los albayzineros. Se cuenta que, en el siglo XVII, varios seres de aspecto horrible se encargaron durante un tiempo de velar un supuesto tesoro que se hallaba escondido bajo una gran losa de color negro.
Estos seres iban cubiertos con túnicas oscuras y cantaban siniestras letanías, portando cirios negros en las manos. Se colocaban alrededor de la gran losa, y entonces la piedra se abría, desvelando sus secretos.
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