Muchos podéis pensar qué tiene que ver este post sobre maldiciones familiares con el recorrido de mis viajes. Muy fácil. Es bastante frecuente escuchar, en cualquier rincón, la historia de alguna persona que de repente ha sido pasto de la mala suerte.
Por ejemplo, la señora Juana, que contrajo matrimonio con el señor Ramón y, de pronto, su fortuna comenzó a perderse entre sus dedos. Nadie entendía cómo…, pero en el pueblo todos tenían la sospecha de que la causa era la expareja de Juana, que supuestamente le había lanzado una maldición.
Según me contaron algunas mujeres —y me costó comprender su lenguaje— «le metieron culebrillas».
—¿Cómo? —les pregunté.
Ellas sonrieron.
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