Herencias invisibles: la sombra de las familias malditas

Publicado el 13 de febrero de 2026, 9:01

Leí hace muchos años sobre la maldición de la familia Kennedy. Era solo una niña, pero recuerdo perfectamente la impresión que me causó aquella idea: ¿y si el infortunio pudiera transmitirse como la sangre, de generación en generación?

Hoy escribo de nuevo desde una cafetería del Raval de Barcelona, con el murmullo de la calle colándose por la puerta, pensando en ese momento de mi vida en el que descubrí los maleficios familiares.

Dicen que una gitana maldijo a las tres generaciones de la estirpe fundada por un inmigrante irlandés que llegó a América en busca de dinero y fortuna. Los Kennedy representaban el ideal de la nación: jóvenes, atractivos, ricos, poderosos. El perfecto sueño americano.

Pero a veces los sueños esconden grietas.

La primera desgracia se llevó al primogénito, Joseph, que murió cuando el avión que pilotaba explotó durante una misión en la Segunda Guerra Mundial. Después llegó el golpe que paralizó al mundo: el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy.

Nada volvió a ser igual.

Y la tragedia no terminó ahí. Apenas cinco años más tarde, su hermano Robert caía abatido por las balas en California, mientras impulsaba su carrera hacia la Casa Blanca.

Demasiadas pérdidas. Demasiadas coincidencias.

Para algunos, simple azar histórico. Para otros, la huella persistente de una maldición.

Quizá por eso, desde niña, empecé a escuchar con atención todo tipo de historias familiares, relatos susurrados sobre linajes marcados por desgracias, como si ciertas sombras se negaran a abandonar la sangre.

Esa misma idea late en Historias del linaje oscuro. Encarnita es solo la hija de Dolores, una mujer que inicia una maldición cargada de oscuros designios, una marca invisible que persigue a cada descendiente de Mamá Dolores. Una herencia que no se puede rechazar ni olvidar.

Y a partir de ahí comienza nuestra ruta por España, siguiendo los pasos de los magos, intentando desentrañar, poco a poco, el origen de esa oscuridad.

Porque a veces el verdadero misterio no está en los lugares…
sino en las familias.

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