Zaragoza: buscando la magia de Josefina

Publicado el 11 de febrero de 2026, 10:19

Puente de piedra

Hoy escribo desde el barrio de Jesús, en Zaragoza.
Desayuno despacio, con un café caliente entre las manos y el rumor suave de la ciudad despertando al otro lado del cristal. Hay algo especial en escribir desde los lugares que después se transformarán en historia. Como si el paisaje se filtrara directamente en las páginas.

Esta mañana me he propuesto algo sencillo y a la vez imposible: buscar la parte mágica de Zaragoza.
Esa que no aparece en las guías turísticas.
La que solo se percibe cuando caminas sin prisa.

La misma Zaragoza que Josefina —la gran maga zaragozana de Historias del linaje oscuro— me ha enseñado a mirar de otra forma.

Mientras recorro las calles, intento imaginarla cruzando avenidas, cargada con bolsas del mercado, aparentando ser solo una mujer más del barrio… cuando en realidad conoce secretos que pocos se atreverían siquiera a nombrar. Porque esa es su esencia: la magia escondida en lo cotidiano.

Si venís a recorrer la ciudad a pie, os recomiendo alojaros en un sitio sencillo y bien de precio, el B&B Hotel Zaragoza Centro. Dos estrellas, sin pretensiones, pero cómodo y cercano a todo. A veces los lugares más humildes son los mejores para escribir, para observar, para escuchar.

Me han hablado maravillas del Puente de Piedra. Dicen que al amanecer es precioso, que el Ebro refleja la luz como si fuera un espejo antiguo. Y no he podido evitar preguntármelo mientras camino hacia allí:

¿Y si Josefina y sus hijos cruzaron ese mismo puente alguna noche?
¿Y si, apoyados en la barandilla fría, formularon mil y un hechizos en voz baja, protegidos por el murmullo del agua?

Hay sitios que parecen guardar ecos. El Puente de Piedra es uno de ellos. Casi puedo imaginar círculos dibujados con sal, palabras susurradas al viento, promesas hechas a la luna.

Mientras tanto, continúo escribiendo la tercera parte de la historia.

Y, entre tanta sombra y tanta batalla espiritual, hay espacio para pequeños momentos que me arrancan una sonrisa. Porque Josefina, además de maga, está empeñada en convertirse en la cocinera estrella del grupo. Insiste en alimentar a todos como si la guerra contra la oscuridad se ganara a base de cucharadas.

El pobre Alfredo, el mago de Sevilla, ya tiembla cada vez que ella se acerca a la cocina. Jura que cualquier día le hará engullir tres platos de sus famosos cocidos “para darle fuerzas”.

Y esa mezcla me encanta:
hechizos y pucheros, conjuros y risas.

Quizá ahí esté la verdadera magia.

No solo en los rituales ni en las batallas contra el mal, sino en esos instantes humanos que hacen que los personajes respiren, que parezcan reales.

Hoy Zaragoza me está regalando justo eso: calles normales donde, si miras con atención, puede esconderse lo extraordinario.

Seguiré caminando.
Seguiré escribiendo.
Y quién sabe… tal vez esta noche, cuando cruce el puente, escuche el eco de algún viejo conjuro flotando sobre el agua.

— S. O. Arkhantia

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios