Había una vez...
Once upon a time...
Así podría comenzar la historia de nuestra vida: una historia fascinante, aunque quizá marcada por un camino lleno de piedras.
Pero ¿acaso los héroes y las heroínas de los cuentos no tienen problemas? ¿Acaso el protagonista no encuentra obstáculos a lo largo de su camino?
Como en la vida misma.
¿Empezamos de nuevo?
Había una vez un hombre llamado... ¿Carlos? ¿Andrés? Con vuestro permiso, prefiero llamarlo Carlos.
Carlos perdió a su madre cuando tenía dos años. Curiosamente, su madre también había perdido a su madre y a su abuela a esa misma edad.
Y aquí comienza la investigación.
Al principio, todo parece una historia dramática. Sin embargo, cuando empezamos a investigar, el drama deja de ser un melodrama y se transforma en un relato que podemos comprender. Carlos deja poco a poco de llorar para explorar su pasado y descubrir por qué su madre perdió a las dos figuras maternas más importantes de su vida cuando solo tenía dos años.
¿Qué ocurrió exactamente? ¿Qué huellas dejó aquella experiencia en la familia?
La madre de Carlos quedó desamparada a los dos años, sin su madre y sin su abuela. Aquella pérdida dejó una marca que pareció transmitirse a la siguiente generación.
Al investigar a la familia de Carlos y adentrarnos en su árbol genealógico, encontramos a un niño de dos años que había fallecido repentinamente.
¿Dejó aquella muerte una tristeza que pasó de generación en generación? ¿Pudo provocar un efecto dominó que hiciera que el dolor se repitiera cada vez que un niño de la familia cumplía dos años?
A partir de este descubrimiento, creamos un ritual especialmente pensado para esta familia. Y no, no hicimos nada sobrenatural ni nada que pudiera asustaros.
Simplemente, al conocer su historia, conectamos con el dolor que había provocado la pérdida de un hijo a una edad tan temprana. Después, de forma simbólica, rompimos el hilo que mantenía a la familia unida a aquel sufrimiento.
¿Qué os parece?
En la próxima publicación continuaremos con la familia de Josefina. Todavía no he terminado la investigación, pero os aseguro que ya me está saliendo humo de las orejas.
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