El Raval es hoy sinónimo de cultura, bares de copas, música emergente y gatos gordos. Sin embargo, durante siglos ha sido una zona a evitar, tanto por las enfermedades como por su alto índice de criminalidad y prostitución.
Sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIV, cuando Barcelona se enfrentaba a una dura epidemia de peste. El rey Pedro el Ceremonioso mandó construir un nuevo cinturón de murallas al otro lado de lo que hoy es La Rambla (que en aquel momento, no era más que una riera). El objetivo era tener un espacio para abastecer y proteger a la población en caso de guerra o asedio. También localizar fuera del núcleo urbano a la población o negocios más sospechosos y proteger a la ciudad de las enfermedades. Por eso se enviaba aquí a las personas afectadas y empezaron a proliferar actividades indeseables y marginales.
Esta zona empezó a ser conocida como rabad, término árabe que designa a los suburbios o extramuros de una ciudad. También significa barrio de prostitutas y leprosos. Con el tiempo se catalanizaría para convertirse en Raval y en castellano evolucionaría a la palabra arrabal.
En el Rabal de Barcelona es donde Encarnita decide ubicar su mercería y trabajar junto a su cuñada Silvia y su sobrina Margarita.
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