✨ Y ahora te pregunto a ti…
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¿Has oído alguna vez una voz interior que parecía saber algo antes de que ocurriera?
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¿Has vivido un sueño o una visión que más tarde se cumplió en la realidad?
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¿Crees que algunas personas pueden ver fragmentos del futuro sin buscarlo?
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¿Te has sentido alguna vez dividido entre lo que amas y lo que sabes que no debe ser?
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¿Has experimentado viajes astrales, sueños lúcidos o sensaciones de salir de tu cuerpo?
Sofía tenía diecisiete años cuando conoció a Luis...
No fue un encuentro extraordinario a ojos del mundo, pero para ella, que desde niña caminaba entre sueños y estrellas, algo se agitó en lo invisible desde el primer instante.
Sofía era una navegante astral, aunque aún no sabía ponerle nombre a ese don. Viajaba mientras dormía, escuchaba susurros que no venían del aire, y veía imágenes que no pertenecían al presente. Aquella tarde, mientras Luis le sonreía por primera vez, una voz clara y firme atravesó su conciencia como un relámpago:
“Luis está casado y tiene tres hijos.”
El mensaje fue tan inesperado que Sofía se estremeció.
Miró a su alrededor buscando el origen de aquella frase imposible. Luis tenía diecisiete años, igual que ella. Era absurdo.
—Estoy perdiendo la cabeza —pensó.
Decidió ignorar la voz.
La relación creció envuelta en una intensidad profunda, casi sagrada. El amor entre Sofía y Luis era luminoso, de esos que parecen abarcarlo todo, de los que hacen creer que el tiempo se detiene. Pero junto al amor, comenzaron a crecer también los problemas: discusiones inexplicables, silencios largos, obstáculos que aparecían sin razón aparente.
Y la voz seguía ahí.
Cada vez más nítida.
Cada vez más insistente.
“Luis está casado y tiene tres hijos.”
Sofía empezó a dudar de sí misma. ¿Era una advertencia? ¿Un miedo oculto? ¿O un mensaje que aún no comprendía? Nunca se atrevió a contárselo a nadie.
Con el paso del tiempo, las familias comenzaron a oponerse a la relación. La madre de Luis, a quien él veneraba profundamente, fue tajante. Luis, dividido entre el amor y la lealtad, tomó una decisión que desgarró a ambos: rompió con Sofía.
Pero el amor no se extinguió.
Meses después regresó, arrepentido, suplicando una nueva oportunidad. Sofía quiso creer. De verdad quiso. Sin embargo, la voz ya no era un susurro, sino un eco constante que resonaba incluso en sus sueños.
“Luis está casado y tiene tres hijos.”
Fue entonces cuando ocurrió.
Una noche, durante un viaje astral, Sofía fue arrastrada con una fuerza que no había sentido antes. Las estrellas desaparecieron y el tiempo se dobló sobre sí mismo. Apareció en una casa desconocida, silenciosa, habitada por una tristeza densa. Allí estaba Luis… adulto, cansado, con una alianza en la mano. Tres niños corrían por el pasillo. Una mujer lo observaba desde la distancia.
Luis estaba casado.
Tenía tres hijos.
Y no era feliz.
Sofía comprendió, con una claridad dolorosa, que aquella voz no hablaba del presente, sino del futuro. No era una condena, ni una locura. Era una visión adelantada en el tiempo, una verdad que su conciencia astral había captado antes que su razón.
Cuando regresó a su cuerpo, lloró en silencio. No por lo que había visto, sino por lo que significaba.
Algunas historias no están destinadas a continuar.
Algunas almas se encuentran solo para recordarse algo esencial.
Y a veces, amar profundamente también significa soltar.
Desde entonces, Sofía aprendió a escuchar las voces del otro lado sin miedo. Porque no todas llegan para destruir… algunas llegan para despertar.
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